jueves 10 de diciembre de 2009

Presentación del libro


Inicio la gira de presentaciones en San Lorenzo del Escorial, no podía haber imaginado mejor lugar para comenzarla. Entre rocas invocaremos el poder de la negación y nos inmolaremos en busca de el hedonismo perdido.

Un abrazo y estáis tod@s invitad@s!


martes 17 de noviembre de 2009

Pues que ya ha salido el libro

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Hacer un libro, plantar un árbol, tener un hijo... Máximas filosóficas que se han convertido en poco más que un refrán popular. ¿Es tener un objetivo? Dejar algo sobre la faz de la tierra que dure algo más que nuestras minúsculas vidas... Levantarte un día y verlo sobre la mesilla, en el mismo lugar donde han descansado tantas palabras, tantos pensamientos. Puede ser, enseñarle a tu hijo tus palabras encuadernadas, puede ser.

Pero en mi caso es algo más, lo tenía en las entrañas y tenía que salir, tenía que poder dormir. Ahora para todos los que lo quieran leer os dejo mis palabras en bites y en papel. Para que todos me podáis criticar.

Un abrazo y muchas gracias!

Aquí lo tenéis: http://daniyecla.bubok.es

lunes 23 de febrero de 2009

Ravalajear

"When Manuel Vázquez Montalbán died suddenly last October,
the city of Barcelona went into serious mourning
"
Jill Adams

A veces me pongo a buscar Barcelona. Cada vez es más difícil encontrarla, ves algún bar, alguna calle, no siempre es una visión unitaria, quizás sea un friso o una barra, o simplemente un abuelo sentado con sus pantuflas en un parque viendo como los skaters vuelan por lo aires en esas tablas con ruedas. Es la barna que se resiste al arrollador poder de la especulación, a los lavados de cara políticos, a la masificación turística...

Son más pinceladas, improntas que huelen a tabaco y a whisky entre sedas modernistas, algunos rostros, algunos adoquines... Los veo en los rostros de los mimos de las Ramblás mientras se pintan o se toman un café antes de que empiece la función, los de verdad no los maniquíes para la foto; son esos obreros con su bocata envuelto en papel albal que se sientan en una terraza para pedir dos medianas y un plato de olivas.

Esta pequeña intrahistoria que va desapareciendo entre sandalias con calcetines y despedidas de soltero de narices rojas, desaparece mientras se decapa la piedra caliza de los edificios para que parezcan más nuevos. Es la Barcelona que es más fácil de encontrar en un libro de Vázquez Montalban, Juan Marsé o Eduardo Mendoza, que en sus mismas calles.

Me da la impresión de que esta ciudad es un cubo de plastilina y se adapta a los tiempos como un molde. Contra las "Ciudades de la Memoria" de Benjamin, esta es una urbe ultra-moderna, con tres catedrales a falta de una.

Aún así, y a riesgo de que me llamen melancólico o algo peor, yo sigo buscándola en los rostros de la gente, en esta ciudad a la que han venido tantos provincianos que no ha tenido más remedio que convertirse en universal.

ravalajear

El Quijote en el siglo XXI

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martes 13 de enero de 2009

John " The Pepperman"




Hoy Lunes, Yecla está de luto. Juanico “El Pimiento”, que en paz descanse, ha pasado a una mejor vida. Hoy las campanas de la Purísima redoblan a muerte. El Jardín de la Constitución está oscurecido; las palomas se visten de luto, y la fuente se ha secado.

Hoy no hay niños en el jardín, ni abuelos, ni madres sustitutas de niños “favorecidos” por el progreso. Juanico, quien no había gastado en su vida más que en unas pantuflas y en un viejo bastón, ya no pasea por él. Sus pies exhaustos de caminar por este mundo por fin descansan; y su viejo bastón sirve de comida para la carcoma.

El jardín era su vida, allí le gustaba ir a pasear, hacer rabiar a los zagalicos, y charrar con su viejo amigo José “El Molinero” sobre si el Madrid, la cosecha, el tiempo… Sus pantuflas desgastadas de andar por el liso suelo eran sus únicas compañeras .

Y hoy lunes, Día de la virgen, por fin se ha comprado unos zapatos, ha olvidado su molesta artrosis, se ha teñido de naranja el pelo, se ha ido a vivir a la capital como John “The Pepper Man”, ha llevado al chatarrero su vieja mobilette, ha vendido las tierras que tenía por los veinticinco ojos y la Decarada, con esto y con los ahorros de la pensión que le había sisado a las monjas del asilo, se ha comprado una Harley y ahora pasa nieve en la calle del Carmen.

EL BLUES DE JOHN “THE PEPPER MAN”

Tiene acciones en el puti
de la Juana,
y sólo bebe Chivas
cuando tiene ganas.

Es The Pepper Man,
John The Pepper Man.

A la mierda las monjas
a la mierda el asilo,
solo quiero dinero
para mi bolsillo.

Es John The Pepper Man,
The Pepper Man.

(Solo de armónica)


Vivo de lo que vendo,
sólo gasto lo que gano,
vivo de lo que vendo,
y todo se basa en gramos.

El viejo decían:
está hecho polvo,
y ahora dicen:
te compro otro.

Es el John The Pepper,
Pepper , Pepper Man.
Is the Pepper, life like Pepper,
is a man like the pepper,
Is the best pepper,
the Pepper man.

lunes 12 de enero de 2009

FIN

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Sábado. Cuatro y media de la madrugada. He salido de trabajar y voy paseando camino a casa. Veo un bar en el que no me había fijado antes, ¿existiría? Me animo a tomar una copa antes de meterme en la cama. El ambiente es algo extraño, el camarero me mira con cara de “voy a cerrar, dónde coño crees que vas”. Paso de él y le pido un ron cola. Está oscuro y sucio, veo pasar un par de cucarachas y en una mesa del fondo veo una pareja enrollándose. Se me acerca un tipo muy serio y me ofrece chocolate. Le digo que no y me siento en una mesa a mirarme las manos, no tengo callos pero llevo toda la vida trabajando, tengo los dedos largos, a veces creo que demasiado, parece que exigen su libertad al resto del cuerpo…
Se abre la puerta, entra un tipo con melena, nariz aguileña y ojos escondidos. Lleva una guitarra a la espalda, pide una botella de agua en la barra y se sienta a mi lado.
  • Hola Andrés.
  • Hola Jose.
  • Cuánto tiempo sin verte.
  • El que tú has querido.
  • ¿Qué tal estás?
  • Pues como siempre, muriendo día a día.
  • Eres un pesimista, todos vamos a morir y no por eso decimos que “morimos día a día”.
  • Di lo que quieras, huye de la realidad, pero no es otra que esta y tú y yo somos iguales.
  • ¡Pero qué dices! Yo soy tu creador, no estamos en el mismo plano.
  • Sí que lo estamos.
  • Me tienes harto con tu rollito posmoderno, tú vives gracias a mí, y ya está.
  • Sí tu lo dices, escucha- se descuelga la guitarra y empieza a tocar, pero su guitarra no suena a cuerda, suena a campanas, campanas del recuerdo...
Otra vez esas malditas campanas. Tocan a muerto como todos los días. De la torre de la iglesia su sonido baja en espiral hasta llegar a mi casa. Abro la puerta y dejo que entre hasta mi habitación; lentamente sube por la paredes y se acuesta en mi cama.

En este pueblo las campanas forman parte de la vida de todos nosotros. Sentimos un temor irracional a su sonido. Las reverenciamos, porque algún día anunciaran nuestra muerte y para muchos de nosotros es lo más lejos que vamos a llegar a ser: el sonido de una campana fúnebre, el recuerdo de un sonido en una habitación, para siempre, eterno, aunque nadie nos oiga. Y en mi habitación hay muchos recuerdos, sus tañidos han entrado muchas veces en ella, y no se va, y oigo sus rebatos, cada hora, cada minuto, cada segundo.

Necesito irme de aquí, mi habitación suena a muerto, y mi espalda ya no soporta el peso de más sentimientos. Voy al parque en busca de ella. Está allí, sentada, en el mismo banco donde nos conocimos y donde tantas veces nos reconocimos; su mirada es triste, premonitoria, lleva un trozo de pan y está echándoselo a las palomas. Me siento a su lado sin decir nada, y le ayudo con el pan, cojo su mano fría, inhumana, las palomas dejan de comer el pan y me empiezan a mirarme fijamente. De repente se hace el silencio…

El camarero se levanta del taburete y cambia el disco, me sorprende con Kind of blue, Andrés ya se ha ido del bar y donde estaba la pareja sólo hay un preservativo atado. Pago mi copa y salgo fuera, al bullicio de la plaza, pero no hay nadie fuera, el panorama es desolador y las campanas del ayuntamiento tocan, son las seis de la mañana. Sigo caminando, solo, y veo una paloma que se acerca, el bicho infecto me mira con ojos prepotentes, descarnados, intento darle una patada pero se escabulle, aparecen más, y todas empiezan a mirarme fijamente...
  • Me voy.
  • Ya lo sé.
  • No es por ti.
  • Ya, es por ti.
  • Es que no puedo vivir más en este pueblo, se me cae encima.
  • Bueno, pues toma estas lágrimas negras y no me mires al irte, no mires a nada, sólo camina y tíralas cuando aprendas a volar.
  • Adiós, ¿me das un beso de despedida? -Me da un beso que sabe a sal, se levanta y se va rodeada de palomas.
La noche es fría y todavía me queda un rato para llegar a casa, voy a coger un taxi.
  • Buenas noches.
  • Hola.
  • A la calle Ezquerra.
Las luces de neón desfilan por la ventanilla, y la ciudad parece dormida, mojada... Llego por fin, sólo tengo que andar media calle, me voy acercando a mi portal cuando veo una figura en la puerta. Lleva una gabardina marrón, tiene el pelo largo, negro y está mirándome fijamente. En la mano derecha lleva un maletín. Cuando llego a su lado me lo ofrece. Lo cojo y ella se va, poco a poco, cómo si quisiera ser niebla. Subo a casa y lo abro, de él sale un sonido, un sonido familiar, un sonido a muerto...

FIN

domingo 11 de enero de 2009

RECORTES

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árboles tiritan con el frío viento


se emancipan hojas de ramas tiranas

comienzan besos bellos y esperados

baldosas soportan estoicas al tiempo


se despiertan farolas de utopías callejeras

dedos que hacen gemir de memoria

calderas que encienden susurros de gas


se llenan bares de vicioso humo

el sudor abona sin piedad el deseo

¿quién se enfría el culo en un portal?


se acicalan tortillas de patatas para cenas

la habitación se nubla: placer mundano

muere matrimonio frente a un televisor


se buscan impotentes bien dotados

lengua que rompe barrera de moralidad

un viudo cena lágrimas con penas


se buscan vírgenes para no tener que soñar

riada de sensaciones que empapa la cama

miércoles 17 de diciembre de 2008

Amor en 18 paradas

A Maribel,
por su amistad y su sonrisa.

Amant: -Mon dolç amor: sóc en tan bon sojorn
que no voldria que arribés mai el jorn,
car la beutat que mai nasqués de mare
tinc i estim, i així no temo arani el gelós ni l'alba.
Giraut de Bornelh, 1162-1199

Como todos los días, el Dr. D. Augusto Zerep sale de su casa a las 6:00...extiende la mano desnuda y comprueba si es necesario que lleve su paraguas negro de punta roma. Desciende del portal con el pie derecho y se dirige a la parada de metro de Iglesia, siempre el derecho. Trabaja como profesor en la Universidad Complutense desde hace años, con los mismos apuntes amarillentos del uso cual dedo índice y corazón de un fumador compulsivo. Al llegar al metro, saca su abono mensual de la funda inmaculada entrando con la satisfacción que le da la rutina. Pero hoy, algo va a ocurrir que va a poner el mundo de Augusto Zerep patas arriba.

La ruta a seguir es la misma de siempre, un par de transbordos hasta Colonia Cristal, allí aproximadamente media hora después se sube al metro ligero que le lleva hasta la Universidad. Siempre abre su maletín de piel marrón y extrae Saúl ante Samuel, un libro que lleva quince años leyendo. Pero hoy, tras guardar el bono en el bolsillo interior de su abrigo le ve. Uno s ojos azules se cruzan en su camino… Augusto olvida quitarse el abrigo y al sentarse le hace algo impensable… ¡Una arruga! Ella sentada en el otro extremo del vagón ojea un periódico gratuito; entonces, a y veinte o a menos veinte, ese momento en el que se hace un silencio de manera regular según Gaiman, levanta los ojos de su lectura de estadísticas y cruza su mirada con la del profesor.

Augusto nota como se le acelera el pulso y el órgano del amor, el estómago, le hace un salto mortal, mariposas, estorninos, hasta un águila real parece tener en el ácido habitáculo. Mientras, la máquina fría e indolora del tren llega a su destino. La gente se levanta rápidamente y con el revuelo las caras se confunden con la masa. El doctor desesperado busca, pero no encuentra. Sale del vagón apresurado y de repente lo nota, se vuelva y allí está ella, tres filas más atrás en la escalera mecánica. Él está parado a la derecha y ella baja al ritmo de la caravana, al pasar, tan cerca, tan cerca, el perfume hace que casi se desmaye. No hay ninguna duda, se dirigen hacia el mismo enlace. Augusto tropieza con una señora mientras su imaginación vuela y pone vida a ese rostro anónimo.

Es una actriz que está en Madrid actuando en un musical. Fue educada en el Liceo Francés y ha dedicado su vida al canto. Ahora ensaya por las tardes, actúa todos los jueves y viernes en la Gran Vía y por las mañanas estudia Bellas Artes en la Universidad. Ya la conoce, no hay temor, van en la misma dirección, bajarán juntos del metro y se dirigirán juntos a la facultad, al final del trayecto, al final del trayecto. Y luego, risas, viajes, desayunos sudorosos… Efectivamente, al parar el tren bajan en la misma estación y caminan hacia el tren ligero.

Durante el trasbordo, van muy juntos, se dejan llevar por la multitud, mientras sus hombros casi pueden tocarse. Augusto se cierra al llegar a las escaleras mecánicas a propósito y sus cuerpos llegan por fin al contacto.
- ¡Perdón!- Exclaman casi al unísono, sonríen, sonríen tanto que las luces de la estación se apagan de pura envidia y los seguritas se calan hasta los huesos sus gafas de sol. En el andén, el frío hace que sólo ellos dos no busquen el calor humano de los que esperan su tren, no lo necesitan, ya lo han encontrado. Saliendo de la niebla, el tren se acerca lento pero inexorable, entre luces rojas y verdes, hacia ellos. Las puertas se abren, el calor interior los abraza y los invita a pasar. Sus miradas, mientras, ya van por el Tercer Cielo.

Augusto se acomoda en su mirada azul, en sus dientes de perla, su cabellera dorada y piel de nácar, mientras el espacio y el tiempo parecen hacer trampas y acortarse. De repente, una duda asalta al profesor que se remueve en su asiento: ¿y sí ella no va a la Universidad? ¿Y sí todo ha sido un sueño? La aurora de rosáceos dedos empieza a despuntar, la luz anaranjada lejos de parecer cálida le hace daño, ¡el alba no! Grita para sí. Y a lo lejos se vislumbra su parada…

Si te dijera amor mío
que temo a esa parada,
no sé que luces son esas
Somosaguas me amenaza.

El ansia le oprime el pecho, tiene ganas de llorar. El tren llega, ella no se mueve, él dilata eternamente su movimiento pero ella sigue inmóvil ¡Maldita parada!

Finalmente, el Dr. Augusto Zerep sale del metro. Mientras las puertas se cierran, mira atentamente a los ojos de su amada y cree vislumbrar el brillo de una lágrima peregrina.
- No te preocupes, siempre nos quedará Chamberí- Le susurra al viento mientras la indolente máquina arranca dejando tras de sí un reguero de hojas de álamo cantor caracoleando…


“amaneció, la vi irse sonriendo, con lo puesto,
por la puerta del balcón, el pelo al viento
diciendome adiós, porque decidió que ya
estaba hasta las tetas de poetas de bragueta y revolcón,
de trovadores de contenedor.”
Marea, Corazón de Mimbre


FIN