jueves, 12 de junio de 2008

Escrito desde la rabia

"Felicidad, s. Sensación agradable que nace de contemplar la miseria ajena."
A. Bierce, El diccionario del diablo, 1876.

Ayer estuve en una reunión de vecinos, era mi primera vez, iba a defender algo que ya creía perdido, pero había que lucharlo, y a hablar de algo que creía trivial y que no daría para mucho. Pues bien, la primera batalla la perdí, pero como buen guerrero aprendí de mi derrota; aunque lo más sorprendente es que perdí la que no creía ni que fuera una lucha, y perdí profundamente, mucho más que una discusión, podría aplicar una de las acepciones que tiene en el diccionario de la RAE el verbo:
Perder. (Del lat. perdĕre).
3. tr. No conseguir lo que se espera, desea o ama.
No porque haya perdido algo físico, sino por lo que se ha roto dentro de mí. Me explico: mi mujer va a tener un hijo en agosto, y a título informativo, preguntamos a los vecinos si había algún problema en dejar el carrito en la entrada de la escalera. ¡Cual fue mi sorpresa cuando se negaron a votar! Las excusas, mejor no decirlas todas para no dañar la sensibilidad del lector, iban desde: "Claro, no podemos darte permiso para dejar el carrito en la entrada porque crea un precedente, y si la gente que se está mudando nueva a la escalera empieza a tener niños, entonces ¿qué?, se convierte eso en un parking de carritos...", o "se empieza con un carrito de bebé y luego viene el carro de la compra...", etc., etc., vergonzoso, desde ayer tengo una furia dentro de mí que no sé como canalizar. No sólo, por el banal hecho de que claro como vivo en un tercer piso barcelones, un quinto fuera de aquí, es complicado subir con el niño y el carrito, después de pasar por el hospital y eso... Sino, porque oigo a diario, y con razón, las quejas de la gente que me rodea, junto con las mías, del desamparo en el que se encuentra una familia que tiene un hijo, madres despedidas, degradadas, ignoradas, sólo cuatro meses para cuidar del niño hasta que casi obligatoriamente tiene que ir a una guardería. Luego claro, no hay suficientes guarderías públicas para tanto niño, así que hay que llevarla a una concertada si tienes suerte, o en su defecto, a una privada. Esto supone para la familia en Barcelona 600€ de media, una barbaridad difícil de absorber por una familia que tiene que hacer frente a las subidas del euribor, la inflación, los sueldos bajísimos... Todo es verdad, pero falla la base, y es que si frente a una nimiedad como es dejar el carrito en la entrada del edificio, para que la madre no se hernie, o que cuando lleguen de trabajar alguno de la pareja pueda descansar algún día de subirlo; algo tan tonto, no se concede, poco más se puede esperar de esta especie humana. ¿Qué podemos exigirle a los políticos? Si basamos nuestra vida en el miedo al otro, en lo que pueda pasar, en la mierda que nos puede caer al salir a la calle, en el egoísmo absoluto, nunca podremos progresar.

Todo este alegato, con las necesidades que hay en el mundo, hambre, guerras, calentamiento global, contaminación, catástrofes naturales y humanas, puede parecer frívolo, pero no lo es; si no es posible poner de acuerdo a una comunidad en algo tan nimio, difícil podremos ayudar al mundo. Por eso, desde las nauseas y el asco que me producen mis vecinos, reclamos más humanidad, menos egoísmo y a ser posible, y esto quizás es lo más difícil, que la gente levante un poco la cabeza, separe los ojos del suelo por la vergüenza que le da ser tan mezquina y mire más allá.