lunes, 18 de abril de 2016

Mi vida en seudónimos

Hace poco, unas dos o tres semanas, retomé la capoeira. Esto me sirvió para dos cosas:

  1. Para darme cuenta de lo viejo y fuera de forma que estoy.
  2. Para recuperar un viejo mote: Pilastra.
... Y pensando, me he dado cuenta de que toda mi vida ha girado en torno a diferentes seudónimos.

El negro...




Cuando era pequeño, primaria, mis "compañeros" de clase me llamaban negro. Y no era cariñoso, era lo que en los tiempos modernos llamamos "bulling", por aquello entonces, los maestros se reían cuando lo decían en clase, les parecía una chiquillada. Mi única salvación fue mi amigo Pedro Julián, otra víctima de toda esta mierda. Bueno, no fue la única, otra fue pensar que eran todos unos retrasados, pero no aludiendo a una deficiencia mental, no, retrasados en la escala evolutiva, los veía como cromañones. Lo único que me alegra es que con el tiempo, que todo pone en su sitio, he visto que se han convertido, casi todos, en personas normales, con su hipoteca, hijos (que espero que sean más civilizados que sus padres)...

Dani





Esto puede parecer una tontería, pero yo no me llamaba Dani antes de conocer a la que sería mi primera novia, amiga entonces. Yo me llamaba Jose Daniel, pero a ella le gustó más Dani y con eso me quedé hasta hoy. 

Sherpa






Después de algunos años, me fui a la mili. Mi historia fue graciosa, por lo menos para mí. Yo iba muy convencido a ser marinero. Yecla me asfixiaba y la idea romántica de vivir en el mar, visitar países extraños, era algo que me tenía enamorado. Sobreviví a una de las experiencias más primitivas de mi vida con la instrucción en San Fernando en julio, a 45 grados... Con unos mosquitos en los que te podías dar una vuelta, durmiendo con 1000 tíos, sudorosos, no muy limpios y con los estudios justos. Eran los últimos años de la mili obligatoria y cualquiera que tuviera algo de formación académica lo que hacía es pedir prórroga sabiendo que no iría. 

Pues bien, iba yo resuelto a ser marinero y tener una novia en cada puerto en mis dulce 19 años y se me cruzó en mi camino el Contramaestre Casado, que no es ninguna persona sino un barco. Con esta maravilla que no sé muy bien cómo flotaba, tardamos tres días en llegar de Cádiz a Las Palmas. Un trayecto en el que no podías ducharte, no había duchas, no podías quitarte nada para dormir porque te lo robaban y dormías en literas de cuatro personas que perdieron sus muelles allá por la guerra de Cuba. Con lo que estabas literalmente incrustado en un nicho maloliente, en el que igual eras tú el olía peor, en una bodega de barco... En fin, no voy a seguir que no es esto una historia de la puta mili, pero vamos, te puedes imaginar que mi idea romántica voló. 



En mi desesperación, bajé del barco y mientras se movía todo dije que sí a todo lo que me preguntaron si sabía hacer. Yo tenía 3BUP, con lo cual era de lo más formado de lo que había en el barco. Además, me inventé que sabía más informática que un ingeniero. Tuve suerte, me mandaron al arsenal, a la oficina y mi "abuelo" (al que yo debía sustituir) estaba de permiso. El sargento me dio el puesto y yo hice con mucha seguridad muchas cosas en el ordenador, que no valían para nada. Por las noches, en el mes que tuve, me leí todos los manuales del software que utilizaban y cuando llegó mi "abuelo" yo ya era un especialista. En fin, para ahorrar tiempo, mi "abuelo" empezó a llamarme Sherpa, no sé muy bien si era porque yo era muy moreno, ojos rasgados y muy delgado, o porque acarreaba con más cara que espalda. En definitiva, acabé en una oficina hasta que truncados todos mis planes me presenté a militar profesional, de lo que había hecho durante cinco años: tocar la corneta, ahí cambió mi apodo.

Popeye



Una vez que llegué a hacer las pruebas de profesional, iba vestido de marinero, de ahí que me empezaran a llamar Popeye, y con el tiempo Popi. Fue un tiempo muy dulce, durante un año, me dediqué a entrenar balonmano, correr por la playa y a salir de marcha. Me lo pasé muy bien. Luego ya vi que estaba perdiendo el tiempo y decidí retomar mis estudios, hice COU y empecé la universidad. Ahí, recuperé otra vez mi apoyo de Dani. Algún día, contaré historias de estos tiempo, de juerga y buen humor. He de decir, que siempre he disfrutado de casi todo muchísimo. Pero nunca me he reído tanto como en aquella época...

Dani Canario-Murciano




Cuando terminé el primer ciclo, ya no podía seguir en la universidad y en el ejército. Había sacado el primer ciclo estudiando por la noche y a ratos en el cuartel, una verdadera locura, pero en el segundo ciclo ya no había clases por las tardes, por lo menos no todas lo eran, con lo que ya tenía que tomar una decisión. Como tenía que dejarlo, decidí irme a la que creía que era la mejor universidad en España para estudiar filología: Salamanca. Allí, en un año que tenía de paro saqué casi dos años, 22 asignaturas, y luego trampeé para terminar, trabajando en discotecas para abuelos, discotecas con mafiosos de manager... Todo menos dos asignaturas que, curiosamente, luego me costaron dos años sacar. El caso es que durante mi estancia allí vi que era extremadamente sencillo conseguir recursos para organizar actos culturales. Creamos una asociación de jóvenes hispanistas, Calíope. En realidad, todo era la excusa para conseguir fondos para organizar unas Jornadas de cultura y literatura canaria. ¿Por qué? Por poesía. Antes de irme de Canarias conocí a una de las personas que más me han marcado, un poeta llamado Pedro Lezcano. Su hija se había muerto hacía poco, me decía que había sido la prueba definitiva para darse cuenta de que Dios no existe, y estaba en una profunda crisis vital y creativa que al final se lo llevó por delante en 3 años. Yo quería darle ilusión y sabía que lo mejor era que jóvenes universitarios lo escucharan, porque, como Alberti, hablaba en endecasílabos. Pero se murió antes de poder terminar todo... Una de las personas que más apostó por todo esto y por la asociación fue Luis Santos, Director del Departamento de Lengua y una bellísima persona. Él me llamaba Dani el Canario-Marciano.


Pilastra






Hay algún mote "menor", pero ahora me gustaría hablar de Pilastra. Tras Salamanca, volví a Yecla por unos meses y me salió la oportunidad de trabajar en Barcelona. Y allá que me fui. Llevaba poco tiempo viviendo en esa magnífica ciudad cuando empecé a entrenar capoeria, allí me bautizaron como Pilastra. O sea, pilar, no tanto por mi seguridad sino por mi flexibilidad. Otra época muy bonita en la que conocí al amor de mi vida. Es curioso que un poco antes de conocer a Nora me había lesionado la rodilla y dejé de entrenar, prácticamente hasta hace bien poquito... Otro post lo dedicaré a Barcelona, una época con historias dignas de contar.

Quijano






Tras Barcelona y algunas historias no muy agradables. Recalé en Mallorca, o mejor, recalamos con Nora y Alejandro, mi hijo. Allí tuve la gran suerte de empezar a trabajar de lo que es mi vocación y mi pasión: la docencia. Estaba ya bien formado, con mi licenciatura, CAP, posgrado y master. Pero no había manera de conseguir trabajo. Al final, tuve suerte y mi director Rafa creyó en mi. Al año siguiente, después de ir a un par de congresos sugerí en Twitter que podíamos hacer un proyecto multimedia al que le llevaba dando vueltas. Con la mediación de Jordi Adell, conocí al gran pedagogo y maestro llamado Toni Solano. Con el hicimos El Quijote Sincopado y empezaron a llamarnos los Quijanos en los congresos y reuniones docentes a las que nos invitaban. Por aquella época, vi que estaba desarrollando muchos proyectos y que sería bueno que estuvieran todos unificados en una web. Así creé www. daniyecla.com y nación otro mote: daniyecla

Daniyecla




De todos los seudónimos, tengo que decir que este es el único que he creado yo y no tiene fecha de caducidad, lo he estado utilizando unos 6 años y me sirve tanto en Twitter como en la red a modo de marca personal.

Sr. García




Ya acabando, junto con los anteriores nació otro que me imponían en el colegio Sr. García. Al principio, no me gustaba nada, pero, como todo lo que me ha ido pasando en la vida, lo redirigí a  ofrecer a mis alumnos el uso de la persona de cortesía, algo que no es baladí como pudiera parecer. Pero vamos, este es de los seudónimos que menos me gusta.

Professor Daniel




Finalmente, llegamos al actual. En la universidad, me llaman Professor Daniel (pese a que no soy un "real professor") por lo menos al principio, aunque al final me acabo quedando con Prof. o Daniel. Este mote me encanta, y no hay día que no recuerde cuando siendo un cornetín entré por primera vez en la Universidad de Las Palmas de GC. Todo me parecía precioso y me impresionó mucho, tanta cultura, tantos jóvenes inquietos... Me deslumbró. Años después, concretamente unos 12, Nora me dijo que me debía hacer profesor universitario, yo lo negué categóricamente. Mi expediente universitario es más bien mediocre, no apto para un mundo académico (pensaba). Y, al final, he acabado a 15.000 km de dónde me lo dijo y siéndolo. Sé que soy el penúltimo mono, siendo generoso, de mi universidad pero no llega a asombrarme que haya llegado hasta aquí, a ser profesor universitario en una universidad asiática. La vida sigue girando.

Bueno, querido lector, no te aburro más. 

Abrazo


5 comentarios:

Maru (marudomenech@gmail.com) dijo...

Falta el de oso amoroso... que es lo que tú eres :)) puro amor y un gran amigo.

Toni Solano dijo...

Qué bonita singladura a través de los apodos (con los que Salinas haría un poema "Qué alegría vivir en los seudónimos"). Tenemos muchos puntos vitales en común y quizá por eso hemos coincidido en ser Quijanos. No sé cómo serías en la mili o en tus parrandas universitarias, pero como docente eres inmejorable :) Un abrazo.

J. Daniel dijo...

Queridos Maru y Toni. Un placer veros por estos lares, podríamos decir que sois de la vieja guarda bloguera :) Un abrazo y un honor tener a tamaños docentes por mi polvoriento no-espacio.

Bárbara Blasco dijo...

Siempre logras emocionarme con tu escritura, sale del interior y se nota. Yo me quedo con Dani!! Como mote cariñoso :)

J. Daniel dijo...

Gracias por tus palabras Bárbara. Este texto tiene poco recorrido, pero es quizá por eso que es más íntimo. Un beso!